LA PUNTA DE UN HILO DORADO (Poema 377)
Hay días en que las palabras
Laten como un corazón,
Todo tiene una armonía
Melodía de canción.
Un tintineo
De ángeles cristalinos,
Me trae la paz de las campanas
Que repican en mi alma
Con su mensaje de esperanza.
Entonces parece que todo
Fuera posible,
Y la pluma se desliza
Entre los dedos,
En procura de los claros de luna
De los amores eternos,
De las revoluciones...
Pero en cambio
Hay muchos otros días,
En que las palabras
Parecen muertas,
O que han perdido el sentido.
Siento que se apagan
Las estrellas de mi cielo
Y por las calles oscuras,
Avanza un viento huracanado,
Que hace cerrar, las puertas
Y las ventanas del alma.
Es la hora de la desolación
¡ Qué también hay campanas
De tristeza!
Entonces, solo me siento
A descansar del día
O de la vida,
No sé que largo rato,
Dejo en el escritorio
Mis herramientas de jugar
A que soy un poeta,
Hasta que en un rincón
Polvoriento y olvidado,
Me parece vislumbrar
La punta de un hilo dorado
Y otra vez, me adentro
En el laberinto,
Intentando ser el Teseo
Que acabe con Asterión,
Ser el vate que escriba







